El 4 de febrero es el Día Mundial contra el Cáncer, una enfermedad que continúa siendo uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial.
De acuerdo con las estimaciones más recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), en 2022 se diagnosticaron cerca de 20 millones de nuevos casos de cáncer y, a pesar de haber alcanzado un aumento de la supervivencia tras su diagnóstico, se produjeron aproximadamente 10 millones de muertes por esta causa, cifras que reflejan una alta carga sanitaria que va asociada al envejecimiento poblacional, entre otros motivos[1,2].
Desde el punto de vista fisiopatológico, el cáncer engloba un conjunto heterogéneo de enfermedades caracterizadas por la proliferación celular descontrolada, la evasión de los mecanismos de apoptosis (muerte celular programada), la capacidad de invasión y metástasis, la reprogramación del metabolismo celular y la evasión del sistema inmune. Estos procesos son consecuencia de alteraciones genéticas y epigenéticas que afectan a rutas clave de señalización celular, lo que ha permitido un mejor entendimiento molecular de la enfermedad y el desarrollo de estrategias terapéuticas más específicas [3].
Prevención y detección precoz
La evidencia científica indica que entre el 30 y el 50 % de los cánceres podrían prevenirse mediante intervenciones sobre factores de riesgo, siendo el principal el tabaquismo, seguido del consumo nocivo de alcohol, la obesidad, el sedentarismo, la alimentación, las infecciones y la radiación UV, con variaciones entre regiones y sexo [1,4].
Más de 4% de los cánceres diagnosticados pueden atribuirse a infecciones. El virus del papiloma humano (VPH), los virus de la hepatitis B y C y Helicobacter pylori están implicados en una proporción considerable de casos de cáncer cervicouterino, hepático y gástrico, respectivamente. La vacunación frente al VPH y al virus de la hepatitis B ha demostrado reducir de forma significativa la incidencia de los cánceres asociados, constituyendo una intervención de prevención primaria con sólida base científica [5].
Si a la prevención le sumamos la detección precoz, mediante programas de cribado poblacional, aumentamos las tasas de supervivencia del cáncer. La mamografía en cáncer de mama, el cribado colorrectal mediante test de sangre oculta en heces o la colonoscopia, y la citología cervical han demostrado beneficios clínicos claros cuando se aplican de manera sistemática en poblaciones adecuadas [6].
Avances terapéuticos y medicina de precisión
En la última década, el tratamiento del cáncer ha evolucionado de forma sustancial. A los abordajes tradicionales (cirugía, radioterapia y quimioterapia) se han incorporado terapias dirigidas que actúan sobre alteraciones moleculares específicas del tumor, permitiendo una mayor selectividad terapéutica con menor toxicidad sistémica, y la inmunoterapia, que ha demostrado mejoras significativas en supervivencia global y supervivencia libre de progresión en tumores como el melanoma, el cáncer de pulmón y el cáncer renal [7,8].
Estos avances han consolidado el paradigma de la medicina de precisión, basada en el uso de biomarcadores predictivos y pronósticos que permiten personalizar los tratamientos y optimizar los resultados clínicos [9].
El rol clínico del farmacéutico en oncologíaEl farmacéutico desempeña un papel cada vez más relevante dentro del equipo multidisciplinar oncológico. Diversos estudios publicados en la última década han demostrado que la intervención farmacéutica se asocia a una mejora en la seguridad del tratamiento, la adherencia terapéutica y el manejo de reacciones adversas [10].
Entre sus funciones destacan la validación farmacoterapéutica, la detección de interacciones medicamentosas, la conciliación de la medicación y la farmacovigilancia. Asimismo, la educación al paciente oncológico sobre el uso adecuado de medicamentos, la identificación precoz de efectos adversos y el seguimiento terapéutico contribuyen a mejorar la calidad de vida y los resultados clínicos [11].
En el ámbito comunitario, el farmacéutico también puede desempeñar un papel relevante en la prevención y detección precoz del cáncer, facilitando la educación sanitaria, programas de deshabituación tabáquica, promoviendo la participación en programas de cribado y reforzando la adherencia a medidas preventivas basadas en la evidencia, como pueden ser los hábitos de vida saludables [12].
Conclusión
El cáncer representa un desafío sanitario de gran magnitud que requiere un abordaje integral, basado en la prevención, el diagnóstico temprano y el acceso a tratamientos innovadores. La evidencia científica de los últimos años respalda de forma consistente la incorporación activa del farmacéutico en la atención oncológica, tanto en el ámbito hospitalario como comunitario. Su participación resulta clave para garantizar tratamientos seguros, eficaces y centrados en el paciente, contribuyendo de manera significativa a la mejora de la calidad asistencial.
Bibliografía
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- Brown TJ, Todd A, O’Malley C, et al. Community pharmacy interventions for cancer prevention and early detection. Res Social Adm Pharm. 2021;17(5):1000–1008
AUTORA
Patricia González Gaviño
Farmacéutica Comunitaria
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