Seguro que habrás escuchado en infinidad de ocasiones hablar de la barrera cutánea de la piel, y cómo su alteración puede afectar a su estado general y al curso de distintas patologías, como la dermatitis atópica. Pero, ¿Qué es exactamente la barrera cutánea y donde entran en juego las ceramidas?
¿Qué es la barrera cutánea?
La piel es el órgano más grande del cuerpo, y su función principal es aportar protección. Está formada por distintas capas que tienen el objetivo principal de mantener la piel permeable, es decir, que no entren ni salgan sustancias que produzcan una alteración. La barrera cutánea se localiza principalmente en la capa más externa llamada estrato córneo, que forma parte de la epidermis. Está compuesta por células muertas llamadas corneocitos, que se organizan como “ladrillos”, y por lípidos (grasas naturales como ceramidas, colesterol y ácidos grasos) que actúan como el “cemento” que las mantiene unidas. Esta estructura permite:
- Proteger frente a microorganismos, sustancias irritantes y contaminación.
- Evitar la pérdida excesiva de agua.
- Mantener la hidratación y elasticidad de la piel.
- Regular el equilibrio de la piel.
Cuando la barrera cutánea se altera la piel pierde agua, se deshidrata, se endurece y se inflama. ¿Y qué es lo que produce esta debilitación de la barrera? Fundamentalmente ocurre por estos motivos:
- La falta de los lípidos responsables de la función barrera, que son las ceramidas, el colesterol y los ácidos grasos,
- Agresiones ambientales externas, tales como el uso de activos detergentes, frío, polución, exfoliantes, etc.
- Ciertas enfermedades, como dermatitis atópica o psoriasis.
¿Qué son las ceramidas y qué aportan en dermocosmética?
Las ceramidas son grasas presentes de forma natural en la piel, ese “cemento” que mantiene unidos a los corneocitos para conseguir mantener la integridad de la barrera cutánea, reducir la pérdida de agua, proteger frente a agentes externos.
Cuando disminuyen las ceramidas, la piel se vuelve más seca, reactiva y vulnerable, por ello su uso en dermocosmética se ha vuelto como una opción muy interesante. Los productos formulados con ceramidas ayudan a:
- Reparar la barrera cutánea
- Mejorar la hidratación profunda
- Disminuir la sensibilidad
- Reducir la sensación de tirantez
- Complementar tratamientos dermatológicos
¿Y en concreto, por qué disminuyen las ceramidas?
La concentración de ceramidas puede reducirse por:
- Envejecimiento cutáneo.
- Uso excesivo de limpiadores agresivos.
- Tratamientos con retinoides o exfoliantes potentes.
- Patologías como dermatitis atópica o psoriasis.
- Factores ambientales (frío, viento, contaminación).
En pieles maduras, la reducción de ceramidas contribuye a la aparición de sequedad, descamación y arrugas finas.
¿En qué pacientes son especialmente útiles?
Las ceramidas son especialmente recomendables en:
- Piel seca o muy seca.
- Piel atópica.
- Pacientes en tratamiento con retinoides.
- Piel sensible o sensibilizada.
- Personas mayores.
- Tras procedimientos dermatológicos.
También resultan muy interesantes como mantenimiento en pacientes con acné tratado, donde la barrera suele estar comprometida.
Conclusión
El uso de ceramidas en dermocosmética se ha convertido en una estrategia clave a la hora de tratar las pieles reactivas y fragilizadas, aportando hidratación y confort.
Existe mucha variedad de productos en el mercado, ya que la mayor parte de laboratorios de dermocosmética las incluyen en sus fórmulas y siempre es recomendable seguir las indicaciones de un profesional para obtener el producto más adecuado en cada caso.
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