La prevalencia de obesidad ha aumentado en los últimos años debido a cambios en nuestro estilo de vida (aumento del sedentarismo, de dietas hipercalóricas basadas en ultraprocesados, estrés crónico, etc.). En este contexto han aparecido nuevos tratamientos que suponen un cambio de paradigma en su abordaje.
¿Qué es la obesidad?
Hoy entendemos la obesidad como una condición de salud relacionada con una disfunción del tejido adiposo, es decir, con cambios en el funcionamiento de ese tejido tanto a nivel hormonal, inflamatorio y metabólico. Es una situación compleja en la que depende de muchos factores (biológicos, genéticos, hormonales, sociales y emocionales).
¿Cómo se trata?
La primera línea de tratamiento son los cambios en los hábitos de vida. El abordaje tiene que entenderse como las patas de una silla: alimentación, descanso, actividad física y salud emocional. Todas ellas son importantes, pues si una pata falla, la silla cojea. En el caso de que estos cambios no sean suficientes para lograr los objetivos, se contempla la opción de añadir (nunca sustituir) tratamientos farmacológicos.
¿Cuáles son los nuevos tratamientos farmacológicos para la obesidad?
En España se han aprobado en los últimos años tres principios activos que están indicados para el tratamiento de la obesidad: la liraglutida, la semaglutida y la tirzepatida.
¿Cuál es su mecanismo de acción?
Estas moléculas imitan péptidos, pequeñas proteinas que actúan como mensajeros entre las células (el GLP-1 y el GIP) que se secretan de forma natural después de la ingesta de comida pero con una diferencia importante, tienen una vida media mucho más larga, por lo que su acción dura más tiempo.
Entre sus efectos más importantes, destacamos el enlentecimiento del vaciamiento gástrico, el aumento de la sensación de saciedad, la disminución del apetito, y la mejora de la respuesta a la glucosa.
¿Cuáles son sus indicaciones?
- Personas con IMC (Índice de Masa Corporal) ≥ 30, o
- ≥27 kg/m2 a <30 kg/m2 en presencia de al menos una comorbilidad relacionada con el peso, p. ej., alteraciones de la glucemia (prediabetes o diabetes mellitus de tipo 2), hipertensión, dislipidemia, apnea obstructiva del sueño o enfermedad cardiovascular.
¿Cuál es su posología y modo de empleo?
La liraglutida se administra de forma diaria, mientras que la tirzepatida y la semaglutida se administran semanalmente.
Las tres especialidades se administran por vía subcutánea en el abdomen, muslo o parte superior del brazo en cualquier momento del día, con o sin comida. 
¿Son seguros estos tratamientos?
Estos fármacos tienen un perfil de seguridad favorable cuando están bien indicados, prescritos y supervisados por profesionales sanitarios. Como ocurre con muchos tratamientos, pueden aparecer efectos secundarios, sobre todo a nivel digestivo, especialmente al inicio.
Los más frecuentes son náuseas, sensación de digestiones lentas, reflujo o estreñimiento. Suelen ser leves y transitorios, y mejoran con un escalado de la dosis.
Otros efectos adversos destacables son trastornos hepatobiliares y pancreáticos como la colecistitis, colelitiasis e incremento de enzimas pancreáticas.
¿Se recupera el peso tras finalizar el tratamiento?
Los estudios muestran que, aproximadamente un año después de suspender el tratamiento, entre el 50 y el 70% de las personas recuperan parte de los cambios corporales obtenidos y alrededor de un 23% recuperan el peso previo.
Conclusión
Estas nuevas especialidades han demostrado alta eficacia y pueden ser una herramienta útil para acompañar el tratamiento de la obesidad. No obstante, no se debe olvidar que la principal línea de abordaje es el cambio en los hábitos de vida, y estos deben mantenerse durante el tratamiento farmacológico.
AUTORES
Clara Hernández González
Farmacéutico comunitario
José Lorenzo Castaño Verde
Farmacéutico comunitario
¿Te ha gustado esta información?
Puedes seguirnos en Facebook o en Instagram y suscribirte a nuestro boletín quincenal. También puedes ayudarnos compartiendo este artículo en tus redes sociales. ¡Muchas gracias!




