El verano se acaba y, a veces, deja huella en la piel. Manchas que apenas se apreciaban durante el resto del año pueden hacerse más visibles tras estos meses de exposición solar, especialmente en forma de melasma, léntigos o hiperpigmentaciones.
Y aquí empieza la duda: ¿qué despigmentante elegir entre tantas opciones? No todas las manchas tienen el mismo origen ni responden igual a los tratamientos, por lo que la valoración de un profesional sigue siendo fundamental.
Hemos revisado, desde la evidencia científica, cuáles son las principales novedades en despigmentación, qué ingredientes están incorporando actualmente las marcas y qué estrategia puede ayudarnos a conseguir resultados más eficaces, seguros y duraderos.
Qué nos dice el mercado
La tendencia actual busca actuar sobre varios mecanismos a la vez: formación de melanina, transferencia del pigmento a las células de la piel, inflamación, estrés oxidativo, renovación celular, etc. Ya no se busca formular un único activo muy potente, sino las combinaciones de activos con mecanismos complementarios.
¿Cuáles son más interesantes y qué hace cada uno?
Ácido tranexámico
Si hay un ingrediente que ha ganado presencia entre los despigmentantes en los últimos años es el ácido tranexámico. Es un activo que no actúa únicamente sobre la producción de melanina. También interviene en mecanismos relacionados con la inflamación y la vascularización de la piel, algo muy interesante en el melasma.
Lo encontramos combinado con frecuencia con niacinamida, resorcinoles, ácido azelaico o retinoides.
Niacinamida
La niacinamida es un activo muy versátil, y por ello aparece en tantos cosméticos. Quizá no sea el despigmentante más potente utilizado solo, pero es una excelente compañera de otros activos.
Además, presenta otras ventajas: suele tolerarse muy bien, ayuda a reforzar la barrera cutánea y tiene propiedades antiinflamatorias.
Resorcinoles
Dentro de los ingredientes más interesantes de los últimos años encontramos distintos derivados del resorcinol.
Algunos, como el 4-butilresorcinol o el hexilresorcinol, actúan inhibiendo enzimas necesarias para la producción de melanina. Otro ejemplo especialmente conocido es el Thiamidol.
Melasyl
Entre las incorporaciones más novedosas encontramos el 2-mercaptonicotinoyl glycine, más conocido comercialmente como Melasyl. Tiene un mecanismo de acción que actúa a diferentes niveles, que entre otras cosas, evita la aparición del pigmento.
Ácido azelaico
El ácido azelaico lleva muchos años utilizándose y continúa siendo una excelente opción, especialmente cuando las manchas están relacionadas con inflamación o acné.
Tiene acción sobre la pigmentación, pero también propiedades antiinflamatorias, lo que lo convierte en un ingrediente especialmente útil cuando aparecen marcas post acné.
Retinol, retinal y ácidos
Otra tendencia muy presente en las fórmulas actuales es combinar despigmentantes con ingredientes renovadores de la piel: retinol, retinal, ácido glicólico, mandélico, láctico o gluconolactona son algunos ejemplos.
Estos activos favorecen la exfoliación de las capas superficiales de la piel y ayudan a eliminar progresivamente las células que contienen exceso de color. En este caso es importante controlar la tolerancia, ya que un exceso de exfoliación puede terminar produciendo irritación.
Vitamina C
La vitamina C aporta acción antioxidante y ayuda a mejorar luminosidad y tono. Suele formar parte de combinaciones más amplias en lugar de ser el único tratamiento.
La protección solar sigue siendo el tratamiento más importante
Podemos utilizar el mejor sérum despigmentante del mercado, pero si no protegemos la piel correctamente frente a la radiación, los resultados pueden no ser eficaces.
En personas con melasma, elegir un buen SPF 50+ con alta protección UVA y protección frente a luz visible puede ser tan importante como seleccionar correctamente el despigmentante.
Conclusión
El objetivo que se busca actualmente con los cosméticos despigmentantes es actuar sobre la mancha a distintos niveles, desde su aparición a su mantenimiento o desaparición.
La constancia es fundamental, ya que la pigmentación no desaparece en una semana. Habitualmente necesitamos varias semanas e incluso meses para valorar correctamente los resultados. Y en este terreno, como ocurre tantas veces en dermofarmacia, una rutina sencilla, bien elegida y mantenida en el tiempo suele funcionar mucho mejor que acumular productos.
Por lo tanto podríamos resumir la estrategia en los siguientes puntos: controlar la producción de pigmento, reducir los estímulos que la favorecen, renovar la piel sin irritarla y protegerla correctamente cada día.
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