El sol y la radiación que llega a la superficie de la Tierra es esencial para la vida, sin embargo una parte de esa radiación puede resultar perjudicial para el organismo y no solo a nivel de la piel. Hoy vamos a hablar de cómo se ven afectados los ojos de niños y adolescentes.

El ojo es un órgano que no termina de formarse hasta bien entrada la adolescencia; durante ese proceso de desarrollo hemos de estar atentos y tomar una serie de precauciones. Sabemos que es conveniente revisar la vista a un niño antes de los seis años y posteriormente seguir haciéndolo a medida que va creciendo para que pueda disfrutar de una buena salud visual en todo momento. Sin embargo, por lo general,  no somos tan cuidadosos con la protección de esos mismos ojos frente a la radiación solar dañina que reciben.

Hay varios factores que tenemos que tener en cuenta para prevenir futuras lesiones:

Los ojos de los más pequeños son más sensibles a los rayos UV

La radiación ultravioleta es muy energética, va a llegar al ojo del niño sin que todavía se haya desarrollado plenamente el cristalino, una estructura del ojo encargada de filtrar esa radiación. A los 10 años su capacidad de filtro es del 25% de la radiación UV mientras que a los 30, será filtrada el 90%.

Pupilas dilatadas

En esta etapa infantil/adolescente, las pupilas están todavía bastante dilatadas y el iris con menos pigmento (otra protección natural) que un adulto, facilitando una mayor penetración de la radiación solar.

El índice de radiación solar

Es una medida de la intensidad de la radiación UV, varía a diario y en función del valor informa del riesgo de exposición, que oscila entre muy bajo y extremo. Este dato es fácilmente localizable en páginas de información meteorológica (se adjunta tabla). Es importante tener en cuenta que los días nublados pueden tener un índice alto similar a un día soleado.

El daño ocular que se puede producir por la radiación ultravioleta es variable en función del tiempo:

  • A corto plazo, en el momento de una exposición intensa, se produce enrojecimiento, lagrimeo por fotoqueratitis o conjuntivitis, dolor, o quemaduras en los párpados.
  • A largo plazo, la aparición prematura de cataratas por envejecimiento del cristalino, degeneración macular o pterigium, entre otras complicaciones.

Para prevenir estos problemas hemos de tener en cuenta que el efecto dañino de la radiación solar es acumulativo, al igual que lo es en la piel. En consecuencia, la mejor opción es utilizar unas gafas de sol que han de cumplir unas características determinadas:

Tener sello CE de calidad. Mucho cuidado con esta marca que es una de las más falsificadas por lo que es aconsejable adquirirlas en establecimientos de referencia.

Han de ser cómodas, seguras, ligeras, de lente irrompible, envolventes y, si la nariz no se ha desarrollado suficientemente, sujetarlas con una banda elástica.

El tono de la lente no es necesario que sea muy oscuro ya que la protección de la radiación UV no está relacionada con el color de la lente.

Ojo, tenemos que tener una precaución muy especial con algunas “gafas” que se ofrecen como regalo con otros productos como revistas, con colores vistosos y formas originales y que no van provistas de lentes sino de plásticos sin ninguna certificación y que pueden ser incluso más dañinas que no llevar nada ya que en un entorno oscurecido (esto se produce al colocar las “gafas”), la pupila se dilata y penetra mucha más radiación con las consecuencias que hemos visto.

En definitiva, la radiación solar no sólo es dañina para la piel, también lo es para nuestros ojos, recuerda que tus ojos y tu vista lo son para toda la vida.

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