Cualquier época es buena para disfrutar de grandes paseos al aire libre, relajarte y desconectar. Entre las opciones para aprovechar tu tiempo libre, es probable que esté el Camino de Santiago; y ya sabes: el Camino se hace con los pies.

¿Por qué recordamos esto? Porque no son pocos los casos en los que un mal estado de nuestros pies nos condenan a abandonar el Camino. No hay nada peor que sentir ampollas y, con ellas, el fuerte dolor que supone caminar.
Ahora bien, evitar los disgustos que te pueden dar las ampollas no es tan difícil si ponemos a tiempo los remedios oportunos. Partimos de que hay dos causas principales por las que se forman en nuestros pies: la humedad y el roce.
Con la humedad, nuestra piel se arruga y se vuelve mucho más débil ante factores externos que empeoran su estado. Para evitarlo, prevención ante todo: utiliza toallitas antitranspirantes en las zonas más sensibles y aplica vaselina antes de empezar cada etapa. Notarás la mejoría.

En cuanto al roce, hay un consejo primordial: utiliza calzado cómodo y nunca a estrenar. Si está adaptado al pie, la sensación de caminar será mucho más natural y llevadera si es un calzado ligero y transpirable. Además, los calcetines importan. Procura que sean siempre de algodón 100% y, al colocarlos, asegúrate de que estén adaptados al pie y de que no se formen dobleces que te puedan hacer daño durante el recorrido.

Poniendo estos remedios harás un gran trabajo de prevención, pero no te garantizan el éxito completo. Si en el Camino notas molestias, para de inmediato. Si ves enrojecimiento en el pie, pon la venda antes de la herida. Aplica un aceite antifricción y protege la zona con esparadrapo o un protector similar. Cuando pares y tus pies estén enfriando, asegúralos bien con una protección adhesiva extra.

Todas estas medidas son de prevención, pero si ves que la ampolla ya se ha formado, cambia de estrategia. Tápala con un apósito suave de tejido (tipo gasa) y cúbrela con esparadrapo para aliviar el dolor. No debes romper la ampolla, porque aquí pueden empezar las infecciones. Desinféctala con clorhexidina, tápala con un apósito de hidrocoloide y no lo quites hasta que caiga por sí mismo.

En el peor de los casos, la ampolla está rota y tenemos una herida abierta. Ante ello, lávala de manera regular con jabón antiséptico y coloca un apósito que te sirva de segunda piel. Solo así podrás prevenir una posible infección y continuar con un buen Camino. ¡Disfrútalo!

‏‏‎‎ ‏‏‎‎ ‏‏‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ ‏‏‎‎ ‏‏‎‎ ‏‏‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ ‏‏‎‎ ‏‏‎‎ ‏‏‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎

Suscríbete a nuestra newsletter

    ¡Apúntate a Enclave de Salud!Súmate a nuestra comunidad y recibe los mejores consejos de salud en tu email.